¡Ficción es inspiración!
En esa época, ni siquiera podía soñar que algún día sostendría en mis manos un teléfono móvil, que tan firmemente se ha establecido en el día a día de la mayoría de las personas en el planeta.

En el vértigo de los días, no nos preguntamos: ¿es la única forma de vida posible la que llevamos ahora?

En séptimo u octavo grado, me gustaba tanto la ficción que no dormía lo suficiente. Sobre todo, la ciencia ficción... Leí por la noche debajo de la manta, al "armarme" de antemano con una linterna. A veces la buscaba a tientas en la oscuridad cuando entraba a cada rato mi madre. Comprobaba si estaba durmiendo, molesta por los sonidos que llegaban de mi habitación. Y yo... ya casi soltaba la linterna, ya admiraba en voz alta al leer un episodio que me causó toda una gama de emociones. La necesidad de abrir una "sala de lectura debajo de la manta" se debía al hecho de que a veces el libro "se conseguía" solo por un día.

¡Cuántas “explosiones” técnicas se había predicho en estos libros! En esa época, ni siquiera podía soñar que algún día sostendría en mis manos un teléfono móvil, que tan firmemente se ha establecido en el día a día de la mayoría de las personas en el planeta.

Sin llegar a la época de mediados del siglo pasado, los pensamientos de Wells sobre la energía nuclear hoy parecen algo aterrorizadores. Todo esto parecía entonces una ficción eterna (igual que objetos de las obras de los hermanos Grimm o Charles Perrault dotados de rasgos no inherentes a ellos) y se comparaba con cuentos de hadas, aunque sean científicos. Al menos, para mí. Ya de adulta, me hice preguntas retóricas: “¡¿Cómo era esto posible entonces?! ¿Y qué les parecen las tarjetas de crédito de Edward Bellamy? Su sociedad del futuro en este aspecto también se ha convertido en una realidad...

 

Bajo la impresión de las novelas sobre cosas irreales, dibujaba en el cuaderno durante las clases de dibujo algunas criaturas extrañas. Recuerdo que una vez el maestro me preguntó: "¿De dónde los estás copiando?" Me puse molesta y respondí ofendidamente: "No estoy copiando. Dibujo lo que imagino. ¡Hago su tarea!”.

 

Este mismo maestro, que en la escuela secundaria nos enseñó el dibujo lineal, me preguntó con sonrisa amable: "¿Sigues dibujando a tus monstruos?"

Ya tomaba clases de arte. Practicaba la acuarela en bodegones que me aburrían... Las novelas fantásticas me dieron muchas cosas. ¡Incluyendo y sobre todo, la inspiración!

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