No hay que regañar a los niños

No hay que regañar a los niños

Con el gran deseo de "esculpir" de su hijo a una persona inteligente y exitosa, los padres y los maestros de escuela a menudo recurren al método educativo más común y fácil: regañar. Sin embargo, este método, incluso si es el líder en popularidad, a menudo produce frutos muy diferentes de los que esperan los educadores. Con el paso de los años, el niño no se vuelve inteligente y exitoso, sino cerrado e inseguro de sí mismo.

¿Por qué ocurre todo esto? ¿Por qué no deberíamos regañar a los niños? Para encontrar la respuesta a esta pregunta, proponemos cambiar radicalmente la decoración de la pregunta de la olvidada escuela a la oficina bien tangible:

Bueno, usted es un empleado de la compañía N desde el día en que recibió su diploma, y ​​durante esos años ha pasado de ser un aprendiz tímido a un veterano endurecido por las fechas límite, subiendo la preciada carrera profesional al nivel de una administración respetada. Pero ahora, ha cambiado “la cúpula” de la empresa y, como dicen, "han llegado tiempos interesantes": la nueva administración no sabe nada sobre sus méritos y no desea mucho llenar esta laguna. En lugar de premios y elogios, solo están "en el orden del día" reproches y regaños. El jefe negligente lo ve todo, desde la tinta de impresora acabada hasta la taza de nombre dejada en el fregadero, y el toque final es la crítica seca del propio trabajo: En la mejor tradición y sin explicación alguna de cómo resolver el problema.
¿Lo imagina? ¿Qué le parece? ¿Está lo suficientemente enfadado para secar la pecera en su oficina?


De hecho, la consecuencia habitual de tal actitud inapropiada es la frustración y el resentimiento genuino. Con una "sesión" prolongada de dicha "terapia de la ira", al empleado lo ataca pronto una pérdida de motivación y un deseo de cambiar la situación (es decir, renunciar). En los peores casos, viene a visitarle la señora Depresión.

Es desagradable, ¿verdad?

Ahora sí podemos volvernos a nuestro escenario "escolar", porque la suma ya se conoce y, como sabemos, cambiar el orden de los sumandos no la altera. El niño también pierde rápidamente el interés en el aprendizaje y el desarrollo personal, si se enfrenta a algo similar. De hecho, ¿cómo puedes satisfacer tu deseo de aprender lo nuevo si en caso de fracaso, siempre te espera una porción de regaño sazonada con reproches? Si en vez de explicar lo que se requiere de ti, cómo hacerlo y por qué no se hace de la manera en que lo hiciste tú, te riñen y te castigan.

Hace poco, en una familia que conozco, ocurrió una situación ilustrativa. El niño tenía unos resultados mediocres en el colegio, y desde el primer grado a menudo traía a casa los "regalos" escondidos en su libreta de notas. Nada cambió durante cuatro años, hasta que la tutora de la clase decidió enviarlo a un concurso de matemáticas. Es cierto, con una advertencia: por supuesto, si mejora “un poco” su conocimiento. Sorprendentemente, al chico le gustó tanto esta idea que ahora está feliz de encontrar la “equis” en las ecuaciones más difíciles. Por supuesto, todavía con pistas, pero con mucho entusiasmo. ¿Cómo podía pasar esto?

La respuesta es simple: en esta "ecuación", la x correcta ni siquiera era la Olimpiada, sino la fe de la maestra en el alumno, que ella le mostró “accidentalmente”.

Desafortunadamente, con las clases de música todo resultó diferente. Al notar los primeros éxitos, la maestra de música comenzó a regañar demasiado al pequeño Mozart por el más mínimo error. Esto llevó rápidamente a que se desanimara el chico y empezara a buscar algún motivo para omitir las clases de música. Incluso pasó a veces que el chico empezó a tener fiebre justo antes de las clases.

Los padres encontraron rápidamente la causa y hablaron con la maestra, que estaba segura de que tenía razón. "¡No toca perfectamente!", se quejó. "¡Pero solo está aprendiendo!", respondieron los padres. El diálogo no dio ningún resultado y, al final, el niño comenzó a tocar aun más lejos del ideal que necesitaba la maestra. Tal vez hasta pensó que jamás cargaría la cruz de un pianista.

¿Qué hacer si el niño ha sacado una mala nota? Hay muchas respuestas, pero es mejor pensar en todas ellas después de responder "¿Qué NO se debería hacer si el niño ha sacado una mala nota?". Aquí solo hay una respuesta: no regañar.

Trate de usar la fórmula "Sí-Pero-Y" presentada por nosotros. Su secreto es simple:

, vemos tu esfuerzo, ¡bien hecho!

Pero deberías estar más atento en clase.

Y luego puedes sacar el cinco tan deseado.

Esta construcción de oraciones hará que el niño entienda que creen en él y que puede hacerlo mejor.

No solo los adultos necesitan la motivación, recuérdelo. Recuerde que su hijo necesita su apoyo y su reconocimiento. Recuerde que su apoyo y reconocimiento para él es el incentivo más eficaz para el desarrollo. Mejor que cualquier regaño.

¡Pruébelo y verá lo sencillo que es! ¡Buena suerte!