6 Parte. Crisantemos de juventud
Hans, que seguía viendo a Elizabeth solo como una vecina del hotel, y ahora también una participante de la misma conferencia, respondió a su saludo al asentir cortésmente con la cabeza.

El verano no llegó por mucho tiempo. "¿Es que viene la edad de hielo en vez del calentamiento global previsto?", se quejó Hans, conectando su peculiar sentido del humor. Al calentarse el alma en el bosque de marzo, simplemente soñaba con sentir el calor físicamente. Igual que Hans, Elizabeth estaba ocupada de sus asuntos habituales.

Como especialistas que trabajan en el mismo campo, Hans y Elizabeth volaron a la conferencia a un país. Era un país caliente para el deleite de Hans y el disgusto de Elizabeth. Antes vivió en una ciudad del sur, pero las circunstancias obligaron a su familia a emigrar a donde el invierno duró medio año. La sureña Elizabeth no había visto el invierno durante varios años seguidos.

Vivían en las habitaciones vecinas en el hotel. Durante esa primera noche, se encontraron varias veces junto a sus puertas de las habitaciones, pero no se hicieron caso el uno al otro.

Mientras se preparaba para la conferencia de la mañana, Elizabeth de repente se acordó de un joven que vivía al lado. Le vinieron a la mente los detalles de su vida antigua. Incluso le mostró atención de vez en cuando. ¡Lo recuerda todo! Al averiguar de sus amigas sobre sus flores favoritas, el joven subió al segundo piso. Por la noche, al acercarse a la ventana, Elizabeth vio crisantemos en el alféizar de la ventana. Flores de otoño. ¿De dónde los sacó en el verano? ¿Y cómo se llamaba el joven? ¿Cómo se llamaba? ¿Cuál era el nombre?... Esta pregunta se metió en la mente de Elizabeth, exigiendo una respuesta. En vano trataba nuestra heroína de recordar el nombre de su amigo de la remota juventud. Entonces, en el pasado, fue difícil para Elizabeth descubrir de inmediato quién lo hizo. Era conocida como la primera bella a la redonda, y los signos de atención los recibía con bastante frecuencia. ¡Pero estos crisantemos! ¡Y una variedad tan rara! Cuando se descubrió la verdad, la familia de Hans ya había emigrado. El joven quiso confesar su simpatía, pero no se atrevió. No pensó que fuera recíproca. Decidió irse sin haber fracasado.

...Durante la conferencia, Elizabeth echó un vistazo a la placa sobre la mesa. Ponía en ella el nombre y el país del participante. ¡Hans, Hans, claro, Hans! Esas orejas abultadas, esos ojos inteligentes, esas cejas arqueadas. Hans, que seguía viendo a Elizabeth solo como una vecina del hotel, y ahora también una participante de la misma conferencia, respondió a su saludo al asentir cortésmente con la cabeza. Elizabeth decidió hacerse ver un poco más tarde.

Los caminos de nuestros héroes llegaron a coincidir. Eso una vez más demuestra que "el mundo es un pañuelo". Ambos resultaron ser grandes oradores. En cualquier caso, el aplauso de los colegas sonó bastante fuerte. Durante el descanso para tomar café, ambos estaban rodeados por los colegas que no paraban de hacerles preguntas. Con emociones de alta energía, Elizabeth perdió de a vista a Hans. Los participantes se iban al día siguiente...

Nuestra protagonista, al sentirse joven, subió volando al quinto piso del hotel, sin esperar el ascensor. Pero Hans no estaba en la habitación. Decepcionada, Elizabeth pidió un servicio a la habitación...

Llamaron a la puerta. ¡Aquí viene la cena! "¡Pase!", respondió nuestra heroína.

Hans entró lentamente en la habitación con aquellos mismos crisantemos en sus manos...

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Dec 31, 1969
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